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La ciudad de Dios y el infierno en la tierra

Por Ernesto Derezensky (EOL)

Ciudad de Dios es una magnífica película dirigida por Fernando Meirelles, basada en una novela de Paulo Lins que trata de un modo ficcional hechos de la realidad. Todo se desarrolla en Río de Janeiro, transcurren los años 60 y la favela Ciudad de Dios se va poblando con familias campesinas que se instalan allí. Esa comunidad, como en muchas otras ciudades de América Latina, carece de los más elementales servicios. Sin agua potable, gas, luz, las calles sin asfalto y la policía que más que brindar seguridad es parte del problema. La película nos hace escuchar a través de Buscapé, un niño de la favela, como en ese mundo violento y sin horizontes aún tienen valor ciertas palabras. Su hermano le dice: "Tienes que estudiar y nunca tocar un arma". Buscapé es marcado por esas palabras y frente a la opción que se les presenta a muchos pobladores de la favela, ser un policía o un criminal, hace una elección: él será fotógrafo. Vemos cómo su hermano no funciona como otro con minúscula, un semejante, sino que ocupa el lugar del A que señala una prohibición, una imposibilidad, y al mismo tiempo habilita el camino de la ley y el deseo. Vemos así cómo un hermano puede en ocasiones funcionar como un padre para un sujeto.

Las drogas y las armas son objeto de consumo y de goce que reinan en la favela. Los niños que ingresan al narcotráfico se agrupan en clanes que hacen las veces de familias sustitutas. Entran como recaderos, los que llevan los mensajes, vigilantes para dar aviso de la entrada de la policía en la favela, son camellos que transportan y venden droga. En otra escala ya son soldados armados para matar. Es interesante destacar ciertos ritos de iniciación que a falta de referencias simbólicas marcan el paso de los niños a la vida adulta. Un niño que aspira a ser soldado narco dice: "Yo fumo y esnifo, he robado y he matado, no soy un niño, yo soy un hombre".

Hay otro pasaje muy significativo en la película cuando Dadinho y su amigo Bené, van a encontrarse con un hechicero. Exú el Diablo es la luz que llega y le dice a Dadinho: "Quieres poder, te daré mi protector, pero no puedes fornicar con él porque si lo haces morirás. Este niño ya no se llama Dadinho sino Ze Pequeno".

Vemos cómo se produce una nominación, no por la vía del Nombre del Padre, sino por este hechicero Exú, el que encarnando un orden de hierro, le da un poder que lo llevará a convertirse en el más importante narcotraficante de la favela, pero que no lo habilita en el orden del amor y el deseo, sino que está al servicio de la pulsión de muerte.

Dos bandas rivales, con sus jefes Ze Pequeno y Cenoura, se lanzan a una guerra sin cuartel. La Ciudad de Dios será el escenario de la batalla. Las dos bandas se arman y son policías, en contacto con los vendedores de armas, quienes las introducen en la favela. Ellos también hacen su negocio. Y no tiene ninguna importancia el número de muertos. El film culmina con una repetición infernal. El verdadero reinado de la pulsión de muerte. Una banda de niños asesina a Zé Pequeno, y ellos serán los nuevos jefes de la droga en la favela. La ciudad de Dios se puede transformar en un infierno en la tierra.