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El hogar no es un refugio [1]

Daniela Fernández (EOL)

"El hogar no es un refugio. Hogar, hogar, hogar, es ahí donde duele", es el estribillo de la enfática canción interpretada por Camille, que acompaña a Louis en su trayecto en taxi, desde el aeropuerto hasta la casa familiar. Luego de doce años de ausencia, el hermano escritor regresa para anunciar algo a su familia.

En los primeros minutos del film, justo antes de la canción, la voz en off de Louis advierte de la existencia de un misterio que no concierne más que a uno mismo. Desde el comienzo de la película, sabremos que el misterio del protagonista no nos será revelado.

Es sólo el fin del mundo, del prodigioso Xavier Dolan, es un huis clos "castaño y azul", basado en la obra de teatro de Jean-Luc Lagarce. "Es una película sobre el lenguaje", señala el realizador en Cannes.

Es a través de la mirada de Louis, que contemplaremos con desprecio a su madre, su hermana menor, su hermano mayor y su cuñada; tan íntimos y tan extranjeros. "¡Familias, las odio!", escribió André Gide.

Estos cuatro personajes -que reciben con ansias a aquel que partió-, hablan, y no paran de hablar: cascadas de palabras, repeticiones, contradicciones, una logorrea agotadora. Dirigen reproches y preguntas a Louis, responden en su lugar.

Louis los mira. Por momentos, parece escucharlos. A veces, se evade, gracias a los dos flashbacks que Dolan introduce para sacarnos por un instante de la asfixia del almuerzo familiar: no más palabras, sino música, no más castaño azul, sino colores cálidos. El primero, muestra a Louis niño corriendo feliz con su hermano mayor, en un paseo familiar dominguero. El segundo, lo muestra adolescente, escapando por la ventana, luego de un encuentro amoroso con un joven.

Nunca sabremos por qué Louis partió hace doce años, los flashbacks del pasado no aportan ninguna elucubración, no explican nada. Nunca asistiremos tampoco al anuncio de Louis, que se despedirá de su familia sin haberles dicho nada en particular.

Si la palabra es un modo de satisfacción específica del cuerpo hablante, ¿por qué no pegar la lente de la cámara al cuerpo? Así, mediante el uso abusivo de los primeros planos, Dolan escrutará los mínimos gestos de los rostros de sus personajes, en especial los de Louis y su cuñada, para mostrarnos: cómo ella lo mira a él, cómo él la mira a ella; reconstruyendo cada parpadeo. Con su cámara "quirúrgica", enfoca lo que no dicen, convirtiendo en abstracción los dichos de los otros personajes.

En su sexto film, nuestro joven realizador no resuelve la opacidad de lo real con la novela familiar de la verdad, sino que intentará mostrar el decir imposible, "librándonos el acceso al lugar de lo que no puede verse".

NOTAS

  1. La lectura del film que aquí propongo, responde a la tesis que Nora Silvestri nos presentó en la Conversación de ENAPOL que ella anima bajo el título "Asuntos de familia en el inconsciente". Allí, ella nos invitó a elaborar qué familia correspondería a cada concepción del inconsciente que encontramos a lo largo de la enseñanza de Lacan.